Volver a los trecientos y tanto días donde como seres cibertonticos funcionabamos junto con los demás kb.
Al próximo y poco vistoso conocimiento de rostros, de sorpresa, de incredulidad, de duda de antojo y fantasía.
Noche de café, cerveza, música, platica y una casa vieja.
De regalos de esperanza profunda...
Una loca noche donde era más facíl hablar de ti al monitor, donde había un rostro, uno necesario para mi familiaridad enamoradiasa.
Esa sopa de lentejas permanece porque hje regresado en una busqueda, de sueños, miedos, frases, sucesos, lugares (¿cómo llegamos aquí?).
Puedo percibir el olor de la cerveza que acaba de mojar la barba que cuelga despeinada bajos tus labios (mientras canto una canción olvidada), he vuelto al parque donde reíamos por las caídas del mundo, donde era facíl levantarse.
Recordando el olor a libro viejo, sobre tus ojos que lanzan ligeras y despistadas miradillas a mi ser, esa clase perdida por una platica amena e interesada.
Ese sonido de pollo que despertaba mis sentidos necesitos de tus palabras después del cine mudo...
La primera invitación al café, con nervios de respuesta, un cabello alizado; un lección de alimentación larga para después consumir grandes cantidades de azucares: una la del primer beso, el billar de las pasiones, el centro; nosotros.
La agradable sensación de despertaer con tu voz, la fresca birsa por la tarde que se regala con una frasesilla húmeda, una dulce melodía otorgada para dormir tranquila; el interes y las ganas y la admiración , protección y halagos, ahora mudos.
5/feb/2010 11:32 pm
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